martes, 5 de mayo de 2015

“Hoy las PyMEs generan el 70% del empleo y representan casi el 80 % del total de empresas exportadoras”. Entrevista al docente e investigador (UNQ-CONICET)

Héctor Bazque: 

Reportaje de Telémaco Subijana
Entrevistamos en exclusiva a Héctor Bazque, Licenciado en Comercio Internacional por la Universidad Nacional de Quilmes. Docente e investigador (UNQ-CONICET), tiene estudios de postgrado en Economía y Desarrollo Industrial (UNGS) y gestión empresaria del comercio exterior e integración (UBA). Anteriormente, fue Coordinador del área de Economía y Comercio Internacional de la UNQ. En esta oportunidad, explica la notoria evolución del comercio exterior argentino, destaca la importancia de las PyMEs industriales y señala cuáles son nuestros principales socios. También reflexiona sobre el papel de China como potencia económica mundial y opina hacia dónde considera necesario orientar la estrategia comercial de Argentina y América Latina. Leer más.
¿Cómo ha evolucionado el comercio exterior de Argentina y cuáles son los principales socios comerciales?
La evolución en las dinámicas del comercio exterior argentino ha sido históricamente relevante por ser una de las principales fuentes de divisas de la economía. Los recursos generados a partir del comercio siempre fueron necesarios, ya sea para la obtención de ciertos insumos básicos cuando no se disponía de su producción local, para hacer frente al pago de los servicios financieros durante el período de crisis de la deuda, y para financiar el funcionamiento del aparato estatal.
En las últimas décadas la composición del comercio mundial por categoría de bienes ha sufrido cambios sustanciales. En el caso particular de la región Latinoamericana y el Caribe se observa la conformación de dos patrones diferentes de especialización exportadora; mientras en el centro se verifica una mayor orientación hacia las actividades vinculadas a la maquila y ensamblado, en el sur predomina el comercio de productos basados en la explotación de recursos naturales. Obviamente en el segundo conjunto es dónde se ubica Argentina.
El crecimiento de las exportaciones argentinas durante la última década ha sido fenomenal; así, a partir del año 2002 en adelante, se arribó a un rotundo cambio respecto de los años de vigencia del régimen de convertibilidad y con saldos comerciales positivos se logró eliminar un problema estructural del período anterior. En promedio, las exportaciones argentinas durante el período 2002-2011 giraron en torno a los USD 50.000 millones anuales, con una tendencia de crecimiento constante apenas interrumpida en el 2009; mientras en el 2002 las exportaciones eran de aproximadamente USD 25.000 millones, nueve años después estas habían alcanzado un monto aproximado a los USD 80.000 millones. Sin embargo, en cuanto a la dinámica del saldo comercial, se registró una mayor velocidad de crecimiento de las importaciones como resultado de la mejora en las condiciones económicas generales y la baja del tipo de cambio real; creciendo a tasas promedio del 28%, las importaciones superaron a la evolución de las exportaciones, que se ampliaron a una tasa del 15% anual. De todas maneras esto refleja el patrón de consumo de los ciudadanos argentinos; la clave se encuentra en comenzar a producir dentro del territorio aquellos productos que hoy se importan. Las acciones en este sentido ya se han iniciado, existe una compleja batería de instrumentos públicos para encarar el problema.
El cambio de tendencia en el saldo comercial fue resultado tanto de las posibilidades impuestas por el contexto internacional como de los méritos propios para aprovechar oportunidades mediante la aplicación de adecuadas políticas macroeconómicas. Desde 2004 en adelante el mundo comenzó a disfrutar los efectos de la recuperación económica de los EEUU y de la mayor presencia de China en el ámbito económico y financiero. Este cambio internacional se vio cristalizado en un empuje positivo sobre la demanda y precios de los commodities, productos en torno a los cuales gira la especialización de la estructura productiva y comercial argentina.
Entre los años 2007 y 2011 cerca del 50% de los principales complejos exportadores de la Argentina consistían en actividades basadas en la explotación de recursos naturales y vinculados al agro argentino; luego, un 15% de las exportaciones corresponden a la extracción y la minería, mientras que el complejo automotriz junto con el siderúrgico representan otro 15%; así se distribuyeron aproximadamente el 80% de las exportaciones durante el período señalado. La soja, ubicado entre el principal complejo exportador (el oleaginoso), y un tema de debate de los últimos años para el desarrollo de la economía argentina, representa una cuarta parte de las exportaciones (el 24,3%). Por otra parte, en términos de la distribución regional del destino de las exportaciones, corresponde señalar que aproximadamente el 53% de los productos argentinos se coloca en el MERCOSUR, donde Brasil es el principal importador (50,3%) de productos provenientes de Argentina.
En resumen, durante la última década el comercio exterior argentino experimentó una notable recuperación. Sin embargo, la principal debilidad es su patrón comercial, el cual se encuentra notablemente concentrado. Aprovechando las capacidades naturales del país, las exportaciones argentinas se concentraron históricamente en productos agrícolas. El aumento de las exportaciones tuvo su correlato en las cuentas públicas, una gran parte de los ingresos fiscales se vieron incrementados por los derechos al comercio exterior, que pasó a ser un mecanismo de compensación frente a los beneficios extraordinarios que obtuvieron las empresas nacionales gracias a la devaluación del peso. Esta mejoría en las cuentas fiscales se tradujo durante gran parte del período en gastos públicos orientados a servicios económicos tendientes a promover mejoras dentro de la estructura productiva del país y con ello continuar impulsando el desarrollo comercial tanto de los sectores tradicionalmente exportadores como de aquellos rubros generadores de mayor valor agregado, como el sector PyME por ejemplo.
¿Qué magnitud de la producción industrial argentina se explica a partir de las PyMES? ¿Es posible hacer una clasificación en relación a la participación y rubros en los que producen?
Durante las últimas décadas creció notablemente el interés orientado a estudiar el comportamiento y la lógica de crecimiento de empresas de menor tamaño, principalmente en lo que refiere a su desempeño comercial y participación en mercados externos. En Argentina, durante el período que se abrió con el abandono del régimen de convertibilidad, se dio suma importancia a la necesidad de impulsar el desarrollo del entramado PyME por su gran capacidad para generar puestos de trabajo.
La presencia de las PyMEs en la estructura productiva argentina es notable, generan el 70% del empleo y su aporte al PBI gira en torno al 40%. Por su parte, en el caso particular del sector industrial, las pequeñas y medianas empresas representan aproximadamente una cuarta parte del total de las firmas industriales y casi el 50% del empleo industrial. En cuanto a su evolución generacional, las PyMEs industriales resultan ser las de mayor antigüedad respecto de las empresas pequeñas y medianas de otros sectores productivos, como por ejemplo servicios y comercio. También resultan ser las más pequeñas. Respecto a su distribución geográfica, la estructura industrial PyME presenta una elevada concentración regional, localizándose cerca del 80% de las firmas entre el AMBA y la región Centro del país.
La presencia de las PyMEs dentro de la estructura productiva se encuentra en aquellos sectores de mayor grado de especialización y generación de valor agregado. En este sentido, el caso de las PyMEs en Argentina es principalmente un fenómeno localizado en la industria. Entre los sectores de referencia pueden señalarse Alimentos y Bebidas, Industria Metalmecánica, Textiles y Confección, Químicos, Plásticos, Maquinarias y equipos, Automotores y autopartes, etc.
En cuanto al desempeño productivo reciente de las PyMEs industriales, junto con el crecimiento económico del país mejoraron sus capacidades de venta y empleo, aunque con cierto límites debido a las propias características que este tipo de empresas presenta. Las estructuras organizativas tan simples de este tipo de firmas representan una fortaleza para ajustarse rápidamente a los posibles cambios de contextos, pero un límite para afrontar el crecimiento organizacional. En ese sentido, el mejoramiento de la dinámica productivo y comercial PyME se mantuvo a un ritmo estable durante el período 2004-2007. Luego durante los años de inicio de la crisis internacional (2008-2009) se observó cierto retroceso del protagonismo de este tipo de firmas; pero hacia la salida de este período de retroceso, durante los años 2010-2011 las PyMEs industriales experimentaron una impresionante recuperación productiva, aunque con una menor capacidad para empujar sobre el empleo del sector.
¿Cuál es el desempeño de las mismas en materia de comercio exterior?
Como se mencionó anteriormente, el papel de las PyMEs dentro del territorio nacional es decisivo para la generación de puestos de trabajo y mejorar la dinámica de crecimiento del producto bruto interno, pero su protagonismo en el frente externo aún representa un gran terreno por explorar. Luego de la devaluación del peso argentino el número de pequeñas y medianas empresas que se volcaron a las actividades de comercio exterior fue impresionante. Por ejemplo, en el año 2000 sólo el 11% de las empresas con características PyMEs exportaba, seis años después el porcentaje se había triplicado; en 2008 ya exportaban más de 11.000 PyMEs. Sin embargo, el peso de las exportaciones de las pequeñas y medianas empresas sobre el volumen total de bienes exportados es todavía muy pequeño.
En Argentina la estructura comercial se encuentra notablemente concentrada en los productos del agro, los cuales son producidos generalmente por empresas de mayor tamaño. Esta tendencia conforma una estructura donde los complejos productivos de mayor dinamismo exportador son impulsados por empresas de gran tamaño, mientras que las PyMEs se desempeñan en la producción de bienes de mayor valor agregado y potencial exportador, pero logrando un dinamismo efectivo notablemente menor. Así, a partir de la última década, las PyMEs generan el 70 % del empleo y significan casi el 80% del total de empresas exportadoras, pero representan menos de 10% de las exportaciones totales.
El destino de las exportaciones de este tipo de empresas se concentró principalmente en los países de la región, geográficamente más cercanos y con requisitos técnicos muy similares para la colocación de productos. Dentro del segmento PyME las ventas del sector industrial representan algo más del 75% de las exportaciones.
En este contexto, el principal desafío de las PyMEs con perfil exportador es mantener su continuidad en los mercados externos. La mayoría de las veces actúan de manera reactiva para aprovechar las oportunidades del mercado, esto se traduce en operaciones ocasionales de comercio exterior pero sin consolidar una estrategia comercial de largo plazo.
Ha estudiado las prácticas asociativas entre PyMES como estrategia de internacionalización. ¿Puede desarrollar este análisis y las potencialidades de este tipo de estrategia?
En términos ideales, las empresas más pequeñas tienden a operar con un elevado grado de flexibilidad y notable dinamismo en el proceso de toma de decisiones. Con estructuras organizativas más simples que las presentadas por las grandes empresas, las PyMEs cuentan con enorme potencial para operar en los mercados externos, ajustándose rápidamente a los cambios de tendencia y del entorno. Por otra parte, la lógica de fijación de precios en las PyMEs es muy diferente a la que presentan las empresas de mayor tamaño. Habitualmente presentan un mayor grado de especialización y su producción se realiza a pedido, tomando nota de las especificidades y necesidades técnicas planteadas por el cliente. Estos servicios adicionales que ofrecen las PyMEs permiten que sus ventas se concreten a un nivel de precios relativamente mayor. Sin embargo, su efectivo desempeño se encuentra condicionado por su verdadera “capacidad de acción”. Las diferencias en el tamaño de las firmas también repercuten en forma negativa sobre su potencialidad para abordar la ejecución de nuevos proyectos, con lo cual ante el menor tamaño relativo de la PyME surge la posibilidad de adoptar estrategias de desarrollo tendientes a combinar esfuerzos con otros actores del sistema económico.
Teniendo en cuenta las experiencias de vinculación empresarial históricamente practicadas en el país, es muy probable estar más familiarizado con el concepto de “cooperativismo” que con la noción de “asociativismo”. Las prácticas cooperativas en Argentina fueron instauradas muy tempranamente por inmigrantes europeos y se aplicaron con mayor frecuencia en la producción agraria. Por el contrario, el surgimiento de la “asociatividad” como estrategia de desarrollo es mucho más reciente y se encuentra más vinculado a la promoción del sector industrial. Inspirado en el éxito de los distritos industriales del sur de Italia, la promoción de prácticas asociativas busca establecer la creación de vínculos empresariales que permitan llevar adelante proyectos de cierta envergadura, imposibles de abordar en forma aislada.
En la idea original del distrito industrial italiano la proximidad territorial era la clave para el desarrollo de las PyMEs; la conformación de un adecuado ambiente empresarial, logrado a partir de la cercanía geográfica, redunda en el surgimiento de economías externas que reduce costos, amplía beneficios y crea nuevos puestos de trabajo. Durante el período de postconvertibilidad, en Argentina se crearon programas públicos con el objetivo de aplicar una versión ajustada de asociatividad, donde ya no importa tanto la cercanía territorial como las relaciones que la empresa practica con el entorno.
Impulsado por instituciones como la Fundación Export-Ar, la Subsecretaría PyME, la Fundación Banco Credicoop, y el Ministerio de Ciencia y Tecnología (MinCyT), entre otras instituciones de los diferentes niveles de gobierno, se buscó que las PyMEs lograran incrementar su capacidad de internacionalización. En general, la esencia que permite agrupar a las diferentes iniciativas es el esfuerzo por promover una vinculación interempresarial más estrecha; vinculación que permite aumentar la efectividad en el acceso a instrumentos públicos de promoción, que permite abordar proyectos de capacitación, de promoción comercial y hasta de exportación conjunta.
En un trabajo reciente he analizado el desempeño de PyMEs promovidas por los instrumentos ofrecidos desde las instituciones mencionadas y pude identificar algunos rasgos interesantes. Las empresas promovidas por instrumentos públicos de promoción de exportaciones mediante prácticas asociativas lograron incrementar su presencia en los mercados mucho más que las empresas que operan en forma aislada. Por otra parte, el grado de diversificación de mercado resulta mucho mayor en los casos donde el proyecto exportador estuvo vinculado a actividades de modernización tecnológica; y finalmente, en la mayoría de los casos, los empresarios señalan que el mayor capital de participar en un proyecto asociativo es el incremento en el grado de profesionalismo de sus empleados.
Pensando en la necesidad de profundizar el proceso de re-industrialización iniciado en 2003. ¿Qué tipo de estrategias considera necesarias para desarrollar a mediano y largo plazo y qué perspectivas visualiza?
Respecto a este punto me parece importante considerar que toda estrategia de industrialización, o re-industrialización, requiere tener en cuenta por lo menos tres elementos. Por un lado, es imprescindible asegurar la continuidad de las políticas y programas públicos. Esto garantiza cierta estabilidad de las reglas del juego, brinda apoyo en aspectos claves de la estructura productiva y genera cierto grado de certidumbre en los actores encargados de asumir riesgos. Por otra parte, es necesario promover la capacitación y constante mejora del grado de profesionalismo empresarial, la modernización tecnológica y la complementariedad productiva entre los diferentes actores del aparato industrial. Finalmente, las mejoras logradas en los puntos anteriores requieren ser acompañados de esfuerzos tendientes a garantizar la creación de un mercado capaz de absorber el diferencial de producción.
Para asegurar la continuidad de las políticas y programas públicos es fundamental continuar con el desembolso de recursos en las partidas vinculadas a los servicios económicos. El respaldo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en este punto es crucial. Este sentido, asegurar la continuidad de las políticas implica seguir obteniendo financiamiento multilateral y para ello es importante desarrollar adecuados métodos de evaluación de impacto y resultado de los instrumentos públicos. Por otra parte, también es un punto estratégico el diseño de nuevos instrumentos para brindar apoyo a las empresas que abordan proyectos más complejos de modernización y desarrollo productivo.
En lo concerniente al profesionalismo empresarial, la modernización tecnológica y la complementariedad productiva, es importante seguir estimulando la vinculación entre la infraestructura científico tecnológica y el sector empresarial. En este sentido, el punto crítico parece encontrarse en las dificultades para llevar adelante la comunicación entre el mundo académico y el empresarial, con lo cual la formación de “traductores” capaces de decodificar los proyectos empresariales a necesidades técnicas y orientar la investigación científico-tecnológica básica hacia su instancia de aplicación es central.
Finalmente, en lo referido a la creación de mercado, una acción inteligente puede ser apostar más seriamente al proyecto regional. El mercado argentino es reducido y geográficamente concentrado. Esto implica un límite a la posibilidad de incrementar el grado de productividad de la estructura productiva local, con lo cual los esquemas de integración comercial como el Mercosur constituyen una oportunidad para sortear el problema.
Es coautor de “América Latina frente a China como potencia económica mundial: exportaciones e inversión extranjera”. ¿Cómo es nuestra relación comercial con China?
La relación comercial entre Argentina y China durante la última década ha crecido vertiginosamente. El reconocimiento mundial de China como economía de mercado, y su ingreso a la Organización Mundial del Comercio (OMC) hacia diciembre de 2001, brindó mayor presencia a sus productos en la región latinoamericana en general y en la economía argentina en particular. Por su parte, la devaluación del peso, a principios de 2002, y el incremento de los precios internacionales de las commodities agropecuarias dieron un vigoroso impulso al ingreso de los productos argentinos en el mercado chino. Como resultado de estos cambios, el intercambio comercial entre ambas naciones se ensanchó notablemente durante el período 2002-2011.
Durante el período 2002-2007 Argentina ostentó un cómodo superávit comercial respecto del socio comercial asiático. Sin embargo, desde 2008 en adelante la tendencia mostró un serio retroceso cambiando el signo de la balanza comercial en desmedro de la posición nacional. El déficit comercial mantuvo una tendencia en alza hasta alcanzar un saldo superior a los USD 4000 millones en 2011.
En cuanto a la estructura de comercio según el tipo de producto intercambiado, resulta notoria la presencia de un claro patrón donde Argentina abastece a China de insumos y materias primas, e importa productos de mayor elaboración, tecnológicamente mucho más complejos y de mayor valor agregado.
Entre las principales exportaciones argentinas con destino a China se destacan las semillas y frutos oleaginosos, las grasas y aceites, el petróleo crudo, las pieles y cueros, las carnes, los pescados y mariscos sin elaborar, el tabaco sin elaborar y el resto de productos primarios. Por el lado chino, los principales rubros corresponden a bienes manufacturados con un mayor grado de elaboración y nivel de tecnología como maquinarias, aparatos y material eléctrico, productos químicos y conexos, material de transporte terrestre, textiles y manufacturas.
¿Y con la región Latinoamericana en su totalidad?
En cuanto al resto de la región Latinoamericana, se replica el panorama, donde el crecimiento de las importaciones de productos provenientes de China crece mucho más rápidamente que las exportaciones latinoamericanas. Esta dinámica da como resultado un creciente déficit comercial de la región con respecto al país asiático, donde el retroceso comercial es más profundo en Centroamérica y El Caribe que en los países de Sudamérica.
El diferente efecto que el ascenso chino tuvo en las diferentes subregiones de Latinoamérica se encuentra estrechamente relacionado con el tipo de especialización productiva que las mismas desarrollaron durante las últimas décadas. Mientras los países de América del Sur presentan un patrón productivo complementario con el desarrollo económico de la República Popular China, actividades productivas vinculadas a la explotación de recursos naturales, los países centroamericanos se constituyeron en competidores directo de la producción proveniente de los países de Asia pacífico en general y de China en particular.
Analizando por el grado de intensidad tecnológica el comercio entre los países de la región con China puede apreciarse que las exportaciones chinas se concentran en productos de media y alta tecnología (aproximadamente un 60% del total) mientras que las exportaciones latinoamericanas se concentran en commodities primarias (74,1%), relegando a los productos de media y alta tecnología a sólo un 10% del total.
En este contexto de crisis económica mundial, ¿cómo visualiza este contexto internacional y hacia dónde considera que deber orientarse la estrategia comercial de la Argentina y de América Latina?
La actual crisis económica afecta negativamente sobre la demanda de productos en general, y esto repercute a las exportaciones argentinas. Para comprender mejor la situación probablemente resulte conveniente interpretar el circuito de la crisis y su efecto sobre la demanda internacional de productos.
Al comienzo de la entrevista habíamos señalado que el crecimiento argentino era resultado de un conjunto de acciones internas combinadas con un contexto internacional favorable donde las dinámicas económicas de EEUU y China eran los principales protagonistas. La crisis afectó con fuerza a las economías europeas y a la norteamericana, traduciéndose esto en una reducción de sus ingresos y en un cambio en el hábito de consumo. En otras palabras, la crisis internacional se materializa en una caída generalizada de la demanda internacional de productos, entre ellos los chinos. Frente a esta situación, la economía asiática también reduce su demanda por los insumos adquiridos en Latinoamérica, como el petróleo y otros minerales. En el caso particular de Argentina, la caída de las exportaciones hacia China se materializa en hidrocarburos y demás productos vinculados a la extracción y minería, pero también en soja.
El panorama descrito pega negativamente sobre las exportaciones argentinas y modificar el tipo de cambio no generaría cambios significativos sobre la balanza comercial, ya que el problema no se encuentra en las condiciones de oferta sino en la demanda internacional de los productos argentinos.
La mejor alternativa estratégica frente a esta coyuntura económica parece ser apostar al desarrollo regional. Un elemento a tener en cuenta es que cuando una economía crece también crecen sus importaciones. Esto fue lo que incrementó la demanda de productos latinoamericanos por parte de China. En la región Latinoamérica conviven un conjunto de países que se encuentran explorando sus propios senderos de crecimiento y desarrollo. En este sentido, la mejor opción podría ser apostar a satisfacer la demanda de los países vecinos.
Por otra parte, la región también significa una oportunidad desde el punto de vista de la oferta. Existe toda una cartera de potencialidades tecnológicas y productivas en los países de la región que constituyen una masa crítica para el desarrollo. La clave se encuentra en promover el trabajo conjunto y las complementariedades entre la estructura productiva de los diferentes países. En la región hay recursos naturales disponibles para impulsar la producción, pero también hay capacidades tecnológicas; rápidamente puede mencionarse las capacidades industriales de Brasil, el conocimiento en medicina de Cuba, la biotecnología en Chile y Argentina, y todas las potencialidades del resto de los países de la región.
La crisis internacional es un serio problema, pero también es una oportunidad para pensar nuevas alternativas de cara al desarrollo del país y de la región.
Fuente:Iniciativa

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